sábado, 17 de septiembre de 2016

Juzgar y ser juzgado

Cuando decides arriesgar, arriesgas sin más sabiendo lo que te puede venir encima.
Una decisión de la que te puedes arrepentir toda tu vida y no hay marcha atrás.
¡O no! una decisión que puedes sentirte orgullosa de ella. Pero por lo general cuando tomamos una decisión drástica es porque no somos felices por quien somos o lo que hacemos y no dejamos hacer.

Estamos ante un mundo rodeados de personas y de sus opiniones. En el cual si haces algo o eres tu mismo siempre te van a criticar. Cada uno es como es y puede hacer con su vida lo que quiera sin importar las opuniones de los demás.
Por desgracia nos importan demasiado porque aunque no lo creamos y digamos que no, siempre nos harán dudar de nosotros mismo y habrá una parte de nosotros que no estará feliz.
¿Cuando aprenderemos a dejar de judgar?¿A que la gente no se sienta judgada?
Una persona que tiene que tomar una decisión drástica para complacernos se siente vacía, sola, perdida y insegura ante millones de personas. Se olvida de su ser y de ser feliz. Se mira al espejo y no siente nada ni si quiera pena por ella mísma.
¿Cuando aprenderemos a dejar de mirar por el encima del hombro con cara de asco?
¿Conoces a esa persona realmente o es envidia?
A la persona que se lo hacen, se pregunta "¿Qué es lo que le hecho sino me conoce?"
Somos culpables del sufrimiento de los demás y no nos damos cuenta. ¡Basta ya! Cada uno es como es, tiene lo que tiene y hace lo que quiere.
Dejemos de complacer y de intentar ser una réplica.

No hay comentarios:

Publicar un comentario